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Desastres Naturales y Economía
Roberto Orihuela V.
Durante las últimas semanas el fenómeno del niño en Bolivia ha causado innumerables problemas, las pérdidas humanas y económicas que han reportado los diferentes sectores son alarmantes. Todo esto nos llama a una profunda reflexión de la seriedad de nuestras políticas públicas, o falta de ellas, para encarar este tipo de desastres naturales, que seguramente no serán los últimos. La naturaleza actúa, y deberíamos tratar de estar preparados para cuando nos golpea.
Generalmente, las políticas que se plantean cuando se trata de afrontar esta problemática se basan en que: “El gobierno debió tener una política de prevención”, “El gobierno debió tener un departamento para atender las emergencias”, y como siempre, “Se necesita mayor presupuesto para todas esos proyectos”. Es decir, se crea una demanda por más gobierno y más programas estatales. Sin embargo, creo que, tal vez, el rumbo más eficiente para contrarrestar estos desastres naturales no sea el que hemos estado buscando. Tal vez, este tipo de desastres nos sirvan para demostrar que el gobierno tiende a no ser el más idóneo para encarar estos desastres naturales y que, lo que necesitamos no es más gobierno, más al contrario, menos gobierno, y nuevos mecanismos para incrementar la participación privada en la atención de los desastres naturales.
¿Por qué se debería buscar menos dependencia estatal en los desastres naturales? Porque simplemente, ante los desastres naturales las respuestas públicas tienden a ser menos eficientes y menos inmediatas que las respuestas privadas. Por ejemplo, en nuestro país, la atención del fenómeno del niño chocó en primer lugar con la enorme burocracia estatal. Luego, la falta de planeación para controlar los posteriores efectos, y por supuesto, los argumentos gubernamentales no fueron escasos. Aunque, es cierto que no se trata solamente de la eficacia de la gestión gubernamental actual, en parte sí, pero seguramente los resultados no hubieran sido muy diferentes sí hubiese sido otro el gobierno. Y claro ejemplo de esto es que, en los Estados Unidos, primera potencia mundial, cuando ocurrió el desastre del Huracán Katrina, existieron análogas deficiencias en la respuesta gubernamental para atender ese desastre natural, o por lo menos, fueron menos eficaces que los programas privados. Por ejemplo, en ese país, según, el Instituto Independent, varias autoridades y agencias estatales para el manejo de emergencias sostuvieron que no habría forma de anticipar semejante catástrofe por lo que requerían mayor presupuesto para futuras contingencias. A simple vista pareciera que ambos gobiernos, uno de izquierda y otro de derecha, tendrían razón, los desastres naturales habrían superado cualquier planeación.
Sin embargo, cuando se analiza ¿Qué hicieron los agentes privados? Parece que los mismos, sí pudieron prever, o al menos fueron más oportunos para actuar inmediatamente luego del desastre. Por ejemplo, según los estudios del instituto Independent, en Estados Unidos, una vez ocurrido el tsunami, la compañía hospitalaria HCA rápidamente contrató un sistema de transporte para traslado de sus pacientes, en cambio, al otro lado de la calle, el hospital Charity, de administración estatal, no tenia medios para una evacuación y dependía de las decisiones burocráticas. Otros ejemplos, Wal-Mart y Home Depot, tiendas privadas, tenían planes de respuesta a la emergencia para la provisión de suministros, alimentos, agua, etc; pudiendo proveer las necesidades básicas inmediatamente ocurrido el desastre. En Bolivia, evidentemente no se tuvo tal despliegue de las organizaciones privadas, pero las imágenes televisivas mostraban pequeñas tiendas clandestinas que flotaban sobre el agua y permitían proveer suministros inmediatos a la población, estos vendedores no requirieron ningún decreto, ni reglamento para actuar ante esa necesidad, simplemente lo hicieron, y al menos, pudieron atender esas emergencias inmediatas. Análogamente, se pudieron apreciar varias iniciativas privadas de un conjunto de instituciones y la ciudadanía en general, que aportó con diligencia, y sin la necesidad de una tremenda burocracia.
Para finalizar, hay que tener en cuenta que existe una diferencia abismal entre Bolivia y Estados Unidos, en nuestro país, los privados, especialmente las personas que habitan tierras vulnerables a los desastres naturales, son pobres, lo cual genera externalidades negativas que ameritan mayor participación del Estado. Entonces, ¿Qué hacer? ¿Cómo podemos no depender del Estado para la acción inmediata, pero a la vez el Estado sea el que pueda participar en la atención de desastres naturales? Una política que ha tenido bastante éxito en varios países es permitir descontar impuestos a las empresas que hacen donaciones a entidades que se dedican a este tipo de iniciativas. De esta forma, las empresas y la ciudadanía estarían incentivadas a destinar en mayor proporción sus recursos, para la atención efectiva e inmediata de los desastres naturales.
Publicado en: PULSO Semanario
Fecha: Lunes, 12 de Febrero de 2007
Economista-POPULI
Centro de Estudios de Políticas Públicas para la Libertad (POPULI)
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